jueves, 23 de febrero de 2012

Iniciada la década de 1960, los automóviles deportivos europeos batían a sus rivales estadounidenses. Mientras esto continuaban construyendo coches grandes y pesados con motores grandes y potentes, los europeos tenían modelos más pequeños, livianos y con mejor comportamiento en carretera, quedando rezagados con respecto a las nuevas marcas de importación al mercado estadounidense (que tenían poderosos motores) en vehículos más estilizados y económicos.

Pero, durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados estadounidenses conocieron de primera mano coches europeos como el Giuletta de Alfa Romeo y el Austin Healey 100. Así, en 1954 Ford presentó el Thunderbird, que era prácticamente un roadster europeo y que nació para competir directamente con el Chevrolet Corvette, el clásico superdeportivo estadounidense. El Thunderbird caló hondo en los clientes de la época, pero a comienzos de los años 60 comenzó a perder atractivo. Lee Iacocca, presidente de la Ford Motor Company comenzó, junto a su equipo de Ford, a diseñar al sustituto del Thunderbird
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